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Cuenta la leyenda, que una niña amante del deporte, solía practicar surf. Todas las mañanas se acercaba a la playa cargada con su tabla y se quedaba sentada en la arena a esperar la ola perfecta. Aquella que le hiciese disfrutar de ese deporte que tanto amaba. Un día, mientras esperaba, comprobó en el horizonte como se acercaba una gran ola. Esa que tantas mañanas había esperado. Por un momento, le entró pánico. Dudó y no acertó a levantarse de la arena y lanzarse a coger esa ola. La dejó pasar, con la esperanza de que algún día se repetiría una ola similar y entonces, estaría preparada. No fue así. Siguió esperando y esperando. Y mientras, de vez en cuando, se entretenía saliendo al mar y surfeando entre olas más pequeñas. Pero ninguna le satisfacía. Ninguna era igual que la que había dejado escapar aquel día.
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